dosmilnueve4girls. Discos Nacionales

R: Si en nuestra lista de discos internacionales afirmábamos que había sido un año explosivo, lo mismo puede decirse en lo que respecta a la cosecha nacional. Difícil se hace acotar sólo 10 entradas que resuman un año en el que, por fin, parece etreverse el re-nacimiento de una escena repleta de sub-escenas: un panorama rico y burbujeante en el que, sin duda, lo mejor está por llegar. Pero, aun así, las bases son estas… Hay quien dice que no, que todavía no tenemos a unos nuevos Planetas o La buena vida. Pero con excelencias noveles como Linda Mirada o Extraperlo y con propuestas más asentadas como Anímic, The New Raemon o Joe Crepúsculo, hacerse el ciego ya no vale. Sólo vale abrir las orejas.

10. JOE CREPÚSCULO, Chill Out (E). Cuando el Crepus sacó Escuela de Zebras, parecía imposible que hiciera algo más fresco y original. Y al poco sacó Supercrepus y parecía que el hombre había tocado techo. Sin embargo este año se sacó otro disco de la manga y resultaba que la fórmula seguía igual de efectiva, pero la presentaba mejorada. En Chill Out siguen existiendo las variables de este hombre: producción cacharraril, nula intención de entonar lo más mínimo, un relajo casi ofensivo con los arreglos, letras que se pasean entre el surrealismo naïve y el romanticismo de adolescente y melodías pegadizas con mucho tirón y poca vergüenza. Y sin embargo en Chill Out hay algo más. El Crepus se pone más tierno, se desmarca con algún pasodoble, introduce los acordeones, baja al sótano de los sonidos del folclore patrio menos complaciente y más hortera y nos regala alguna de sus mejores canciones hasta el momento: Toda esta energía y Una paloma atraviesa el fuego. Disfrutémoslo mientras la cosa siga teniendo gracia.

9. EL PETIT DE CAL ERIL, i les sargantanes al sol (R). El año del colapso económico y las caras largas por la calle llegaba a su ecuador con un disco tan luminoso como este I les sargantanes al sol de El Petit de Cal Eril: un chute de alegría folkie-pop donde lo folkie se agarra a lo tradicionalista (que es como, por etimología, debería ser el folk) y lo pop recurre a la capacidad cristalina de sintetizar la alegría. La música del de Cal Eril se erige a partir de unas raíces retorcidas en tierras catalanes (y baleares) para configurar, coros infantiles mediante, un cancionero vitalista que cualquiera pudiera creer que se ha recuperado de siglos pasados. Nada más lejos de la realidad: aunque no lo parezca, la música de I les sargantanes al sol es plenamente urbana (ahí queda una de las mejores frases del año: “que no val la pena viure a Barcelona per tenir-hi un gat” (“que no merece la pena vivir en Barcelona para tener un gato“): de una urbe soleada y cercana al mar, con múltiples árboles bajo los que disfrutar de la sombra de verano y en la que, continuamente, resuenan temas arrebatadores como el titular I les sargantanes al sol. Con discos como este, da igual que haya llegado el frío a nuestras casas: se bastan y se sobran para calentarlas.

8. Klaus & Kinski, Por qué no me das tu dinero (E). Nuestra dosis necesaria de Klaus & Kinski venía empaquetada este año en forma de EP de cinco canciones. Eran pocas, pero como en ellas se atrevían a jueguetear con géneros desconocidos en su debut, cundían como un disco entero. Se ponían (más) tremendos (todavía) con la canción que daba título al EP, se marcaban un bolero post-moderno en Te vas enterar; pergeñaban una versión de un grupo danés, en inglés y en plan electro, y finalmente se salían por la tangente con un final apoteósico de siete minutos. La prueba definitiva de que son uno de los grupos más excitantes y prometedores de nuestro país. Seguro que la prueba de fuego del segundo disco (en Marzo) la pasarán notablemente. Este EP no da pruebas de lo contrario.

7. Mujeres, Mujeres (E). Se conocieron estudiando cine y han encontrado su camino haciendo música. Y no cualquier cosa. Mujeres son cuatro tíos que bien podrían estar petándolo en los bajos neoyorquinos, pero que, cosas de la vida, destartalaron en su día el estirado indie barcelonés y van camino de conquistar todo el país. Su maqueta se agotó más rápido que los abonos Vip del Primavera y hoy en día es un incunable para los fans del rock´n roll patrio. Y con su primer disco no decepcionan: mismas ganas, mismos gorgoritos, misma energía y mejor producción. Mujeres nos hacen mirar atrás y situarnos en un momento perdido en 1969. Podrían haber sido teloneros de The Sonics, y son mucho más simpáticos y frescos que The Black Lips, y aunque las comparaciones son muchas, ellos llevan con orgullo el ser los máximos representantes del garage pop del momento. Puede que no sean los únicos, pero no cabe duda de que son los mejores.

6. Bedroom, La casa dins la casa (R). Las cosas sólo podían salir así: el particular y entrañable (entendiéndose lo de “entrañable” en su vertiente más cálida y positiva) universo de Albert Aromir se ha visto plasmado a la perfección en La casa dins la casa (y en los anteriores y posteriores EPs lanzados por el artista bajo el nombre de Bedroom). Es este un caso de voz artística única y unipersonal que ha de traslucirse sea como sea: no hay aquí ni mercadotecnia ni pretensiones de banda… Lo de La casa dins la casa es un genuino sarpullido que surge en la piel de Bedroom por pura necesidad: porque le resulta imposible no expresar ese mundo interior ya sea a través de la ilustración (igualmente entrañable) o este cancionero de folk de cámara, atemperado y crepuscular, en el que tan bien conviven Bill Callahan y una versión vitalista de Nick Drake. Más allá de la inclusión de Japanese Girl en el último film de la Coixet, La casa dins la casa debería pasar a la historia de este año que acabamos de cerrar por conseguir encapsular el alma creativa (caliente y reposada) de un artista al que no hay que dejar de reivindicar… Hasta que lo conozca todo el mundo.

5. Extraperlo, Desayuno Continental (R). Yo hay tres cosas que no entiendo respecto a Extraperlo: 1. ¿Por qué Bañadores ha acabado siendo el hit de Desayuno Continental cuando Negroni es tremendísima (y una de las aperturas más redondas de un álbum español en mucho tiempo)?, 2. ¿Por qué no hemos exportado ya a Extraperlo fuera de España, con la cabeza bien alta, para que cosechen exitos allá por donde pasen (porque poder, pueden)? y 3. ¿Por qué en nuestro propio país ya no son grandes, gigantes? ¿Qué problema tenemos? La cuestión es que Desayuno Continental es un disco de pop electrónico tropicalista pluscuamperfecto y una muestra sobrada de las cotas de genialidad que pueden llegar a alcanzar los chicos de Extraperlo: con un pie en las experimentaciones tropicalistas de El Guincho y otro en las ganas de jarana y fiesta pop, con la nuca acariciada por un aliento post-movideño (que a veces remite incluso a Golpes Bajos), Desayuno continental y su colección de temones (Cavalcade, ¡¡Haa!!, Las palmeras del amor) no sólo alegró nuestro verano: pasarán muchos estíos antes de agotar sus posibilidades.

4. McEnroe, Tú nunca morirás (E). Desde Getxo con amor, McEnroe nos traían el disco más deliciosamente deprimente del año. Lleno de pasajes oscuros, plagado de romanticismo tremendista y de costumbrismo arrebatador, Tú nunca morirás es el decálogo perfecto para nostálgicos impenitentes. De todo el disco, sobresale más que el resto Tormentas, una canción dolorosa, oscura y terriblemente gótica. Quizá sus referentes puedan llamar más la atención que sus veleidades (la sombra del Sr. Chinarro y de Nacho Vegas es oscura y persistente), pero cuando una consigue aislarse de este hecho, solo quedan unas canciones perfectamente construidas y desarrolladas con sentimiento y alevosía. No es un disco para cualquier ocasión, bien puede entristecerte el día. Pero a las almas un poco nostálgicas y compulsivas les dará algunos de sus mejores momentos.

3. The New Raemon, La dimensión desconocida (R). Sin duda, la sorpresa pop de la temporada: bien es cierto que Ramón Rodríguez ya nos lo advirtió con su debut (A propósito de Garfúnkel), pero es que las cotas de excelencia que ha alcanzado con La dimensión desconocida son inabarcables. Lleva un par de meses sonando a piñón en mi iPod y ahí sigue y seguirá… Y es que el brillo de canciones como Por tradición, Sucedáneos, Variables, Estupendamente, La dimensión desconocida o Dramón Rodríguez no se extingue con las escuchas, sino que crece y crece sin llegar a cegar nunca: la luz que emite este álbum es cálida con una cercanía que, inevitablemente, te pone la palabra “cotidianeidad” en el paladar con especial dulzura. Los temas se escurren desde tus oídos a tu corazón gracias a la poderosísima voz de Rodríguez y a una capacidad para recurrir a los lugares comunes del pop y, justo cuando cres que estás en terreno seguro, huir hacia lo inesperado. Nada de Dramón Rodríguez… esto es un Triunfo Rodríguez.

2. Anímic, Himalaya (R). Puede que en los últimos meses no hayamos dado tanto la chapa con Anímic, pero no, no nos hemos olvidado de ellos. De hecho, seguimos tan enganchados a su Himalaya que nos duele mucho no otorgarles el número 1. Pero que conste que esto es número 2 que realmente es un número 1 espiritual. Y de espiritualidad entienden un buen rato los niños de Anímic… o eso se desprende de un álbum tan etéreo y brumoso como el magnífico Himalaya: un retablo de canciones de folk recalcitrante que supuran emociones como un manantial en primavera. Ahí está el secreto gracias al cuál canciones como Marbre i Or, La mort i el riu, Kent Forest o Les fulles fan d’ocell lo tienen tan fácil para llegar a oídos no acostumbrados a las asperezas del folk (incluso cuando es un folk tan dulce como el que nos ocupan): Himalaya engancha por el corazón, no por el cerebro. Será por eso por lo que, a día de hoy, tantos meses despué de su lanzamiento, sigue poniéndonos la piel de gallina con cada nueva escucha.

1. Linda Mirada, China es otra cultura (E). Ha sido nuestra chica del 2009, y que nos perdone Fever Ray. Pero nada mejor que poder presumir de producto nacional. Y aunque Linda Mirada se hacía acompañar de algún extranjero (ilustre, como es el caso de su amigo Bart Davenport que la ayudó en la producción cuando a ella eso le sonaba a chino), es algo tan y tan nuestro que lo mínimo que merece es el primer puesto en esta lista. Sus credenciales no daban para menos: nos plantó un disco melancólico, con una mirada empañada por la nostalgia pero sin caer nunca en el tremendismo ni en la complacencia. En China es otra cultura cada canción podría ser un himno generacional, cada estribillo podría ser impreso en una chapa, cada arreglo es perfecto y cada melodía merece ser recordada: Me quedo en casa, Solo, Hermosilla 69, San Valentín… son como los amores de una vida vistos desde el prisma de la nostalgia positiva: todas tiene algo que las hace especiales y memorables. Lo único que no me gusta de este disco es que no existiera cuando tenía 20 años. Me hubiera acompañado, arropado y animado en más de una noche oscura.

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2 comentarios

  1. Me alegra ver ese optimismo respecto a la cosecha nacional de 2009, aunque no lo comparto en absoluto. A lo mejor es cuestión de escucharme el 9 y el 6 (porque ni zorra, oiga)…
    ¿Y qué pasa, que Delorean no gustan por estos lares?

  2. […] dosmilnueve4girls. Discos Nacionales […]

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