dosmilnueve4girls. Discos internacionales

R: 2009 no ha sido un año fácil. O, si se da la vuelta a la tortilla, puede decirse que ha sido el año musical más fácil desde hace varias temporadas (¿2005, más o menos?): el volumen de trabajos lanzados en estos doce meses que han hecho exclamar aquello de “¡disco del año!” ha sido particularmente elevado. Por eso, aunque ha sido fácil irse topando con joya tras joya, al final, a la hora de recapitular, la dificultad para acotar la bonanza sonora en una lista de 20 álbums nos ha obligado a retorcernos el cerebro y a discutir más de lo habitual en la historia de music4girls. Vale, a la hora de la verdad no hemos podido evitar incluir una “mención especial”… Pero que conste que lo complicado ha sido no hacer otra lista de 20 menciones especiales. Con todo ello, inauguramos el año 2010 con la lista más esperada pero también con la intuición de que la cosecha que nos viene (Beach House, Midlake…) va a volver a dejarnos sin respiro. Así que valor… ¡y al toro! Que nosotros no le tenemos miedo a nada (bueno… a la nueva cara de Belén Esteban le tenemos un poco de miedo, la verdad).

MENCIÓN ESPECIAL: LONEY DEAR, Dear John (R). Si no recuerdo mal, este fue el primer disco de 2009 en el que exclamamos algo así como “disco del año“. Y lo cierto es que, de alguna forma u otra, yo sigo pensándolo… Aunque, al final, haya acabado quedándose con una “mención especial” básicamente porque Estela y yo no nos hemos puesto de acuerdo y porque, al fin y al cabo, ha sido un año completito completito. Sea como sea, este Dear John no sólo nos ha acompañado durante los doce meses (yo lo sigo escuchando con frecuencia), sino que su épico pop orquestal sigue tan vigente como el primer día, provocando los mismos escalofríos de placer ochentero al bordar estos once temas en los que las “capas de sonido” adquieren un nuevo significado de profundidad absoluta y tridimensionalidad sonora que ya quisiera el Avatar de Cameron. Canciones como Everything turns to you y su sonoridad de neón, el cuento para adultos que resulta ser Harsh Words, la deliciosa digresión casi-ravera de Under a silent sea o, sobre todo, el single pluscuamperfecto que es Airport Surroundings… En otro año menos boyante, sería más que una mención especial. Mucho más.

20. M. WARD, Hold time (E). Y siguiendo en la línea folkie de la lista, no podía faltar The King of Folk (con permiso de Bonnie ‘Prince’ Billy y de Raül, of course). Con Hold Time, M. Ward dejaba claro que juega en otra liga, la de los que pueden hacer lo que les salga de los mismos sin perder sentido, integridad o calidad: se marcó un dueto con Zooey Deschanel, se arrejuntó con Bright Eyes y My Morning Jacket y experimentaron en plan súper banda con Monsters of Folk. En solitario se permitió el lujo de hacer un disco de tintes clásicos, retro, muy simple y redondo. Todo así, sin despeinarse mucho. Hold Time cuelga en algún punto inexacto entre 1950 y 1979, y se sostiene a base de rock de vieja escuela, blues de tapadillo, country sin pretensiones y una discreta capa spectoriana que no se lleva mal con una marcada producción lo-fi. Y con todo, el resultado es brillante, anímico y vitalista, pero con un tono general de reposo y calma. Un disco para jóvenes con el alma vieja… Si es que esto puede ser bueno.

19. BAT FOR LASHES, Two Suns (R). Difícil ha sido nuestra posición respecto al Two Suns de  Bat For Lashes: empezamos adorándolo sin remisión… pero hacia el verano tengo que reconocer que casi no lo escuchaba. Eso sí: en septiembre (aproximadamente), lo retomé con calidez y, de nuevo, la calidez no tardó en derivar hacia pasión. Y es que el segundo álbum de Natasha Kahn es mucho más que una continuación del ya mítico Fur & Gold: es una experiencia sensorial en el que Bat For Lashes llevan su gusto por la hipnosis tribal hasta el paroxismo, dejando que en su bola de cristal se refleje una visión esclarecedora en el que un grupo de chamanes robóticos del futuro bailan alrededor de una hoguera elctrónica. Glass, Daniel, Pearl’s Dream… Suma y sigue en un fresco primitivo en el que es fácil sentir el sabor de la noche en el desierto justo en el paladar de tu boca. Está en el número 19, pero bien podría estar en el top 5.

18. NEKO CASE, Middle Cyclone (E). Ha llegado un punto en el que la Reina del Alt-Country no puede decepcionar. Bueno, quizá si se tiñera de rubio… pero poco más. Y aunque parecía que después de firmar algo tan magnífico como Fox Confessor Brings the Flood no sería capaz de superarse, volvió con Middle Cyclone y con él a llevarse todo por delante. La canadiense abandonaba la autopista del country refinado y se escapaba para darse una vuelta por las secundarias del pop de raíces y no le quedó nada mal. This Tornado loves you era la carta de presentación de su nuevo registro y consiguió, como siempre, que nos mojáramos con ella, con su voz, con su fuerza y con su peculiar forma de entender la música. Pero si en otros discos la Case cantaba desde el corazón, en Middle Cyclone lo hacía con los genitales, se volvía caprichosa (I´m an Animal) y visceral (People Gotta Lot of Nerve) pero sin perder nunca su sutileza de canciones de seda y lino (Magpie to the Morning y la versión de Never turn your back on Mother Earth). Su mejor disco hasta el momento.

17. BILL CALLAHAN, Sometimes I wish we were an eagle (R). Permitidme una puntualización de esas que, si no se hacen, se te quedan clavadas como una espina: si esta fuera una lista personal, Bill Callahan estaría en el número 2. Porque, al igual que ocurre con Bonnie ‘Prince’ Billy (otra ausencia que (me) duele), Callahan consigue abordar el clasicismo de raices folk-pop sin sonar anquilosado: sus composiciones no descubren nada nuevo, pero subliman lo existente con una pericia transparente que te eriza la piel cada dos minutos (si se me permite otro comentario personal, y se me va a permitir porque sí, una de las epifanías musicales de mi año me sobrevino la primera vez que me vi inmerso en el desarrollo del verso final de Too Many Birds… tremendo). De regreso a las excelencias del mítico A river ain’t too much to love (que, recordemos, debería haber sido el primer álbum firmado como Bill Callahan si no su hubiera interpuesto la discográfica), Sometimes I wish we were an eagle no sólo es una de las cimas de Callahan, sino una excavación paleontológica a modo de picnic de fin de semana en  la que se exhuman las virtudes del imaginario del autor: virtudes que, al salir de la tierra, deslumbran. Todo sea dicho.

16.THE PAINS OF BEING PURE AT HEART, The Pains of Being Pure at Heart (E). Son el grupo con el nombre más emo de los últimos tiempos. Y hacen música emo… sin ser emos. Bueno, hacen la música emo que nos gusta escuchar a nosotros: la que habla de los desengaños amorosos, la que verbaliza reflexiones teen, y la que presume de superficialidad romántica sin afectación ni vergüenza. Escuchar el debut de estos chicos era volver a tener dieciocho años y añorar el verano. Su shoegaze de porcelana y su pop de raso y marfil difícilmente no llega al corazón de cualquier enamoradizo. Pero más allá de los lazos emocionales, el disco está plagado de singles (desnúdemos el concepto “single” de cualquier peyoratividad), lo que hace que sea disfrutable de princpio a fin, gustosamente y on repeat. Nos dejaron algunas de las mejores canciones del año (A Teenager in Love, Young Adult Friction, This Love is Fucking Right -best title of 2009) y una sensación agridulce: la de saber que nos hacemos mayores, pero también la de estar convencidos de que solo se puede ser tan rematadamente naïve cuando te acercas a los treinta.

15. PREFAB SPROUT, Let’s change the world with music (R). Seguimos quitándonos espinas: debido al ajetreo de diciembre, no nos dio tiempo de honrar a Let’s change the world with music tal y como se merece: el proyecto (casi) perdido de Paddy McAloon es una delicia atemporal se mire como se mire. Por eso es injusto meterlo en cualquier lista si no se le sitúa en el número 1. Pero como nosotros queríamos incluirlo sí o sí, aquí está: en un número 15 que bien podría ser un número 1. Y es que las referencias ochenteras que se extraen de cualquier reseña de este álbum van en direcciones siempre bien recibidas en music4girls: desde Pet Shop Boys hasta Momus, pasando por The Triffids, The Style Council y The Blue Nile. Pero ¿de qué sireven las comparaciones cuando estamos hablando de Prefab Sprout? De nada. La inmensidad de este álbum conceptual que aborda la música como motor creativo puede que esté repleta de referencias religiosas e imágenes románticas previas a la pérdida de la inocencia que vivimos con los 90. Pero, con temas como Ride, Earth the story so far, Let there be music o Music is a princess, es fácil hacer actos de fe.

14. WILD BEASTS, Two Dancers (E). Poca coba le dimos a este disco en el blog, muy mal por nuestra parte. Demasiado concentrados en otros menesteres, Two Dancers nos explotó en la cara tarde, pero fuerte. El disco mola porque es elegante, contenido en su punto justo y reventón cuando le toca. Como toda buena pieza arty que se precie, no entra a la primera, pero despierta curiosidad. Y esta curiosidad induce a más escuchas que solo otorgan sorpresa y placer. Vuelvo a lo mismo, la mala suerte que han tenido muchos discos de esta lista es que coincidían en el tiempo con Merriweather Post Pavilion, la Biblia del pop que viene; en otras circunstancias, hubieran recibido más atención, la que merecen. El segundo disco de Wild Beasts es un lujo para paladares exquisitos y exigentes, tiene una producción cuidadísima que le da unas texturas difíciles de encontrar en otros grupos con más solera y está hecho con un gusto british que echábamos de menos por aquí. A ver si sólo van a venir cosas buenas de los USA…

13. BEAR IN HEAVEN, Beast Rest Forth Mouth (E). La banda sonora futurista de un presente tecnológico y disperso. Esto es lo que nos regalaban Bear in Heaven con su segundo disco, después de firmar un debut infumable. En el año de los discos raros, psicodélicos y progresivos, Bear in Heaven supieron desmarcarse con unas canciones mucho más oscuras y opresivas que las de sus coétaneos; lejos del optimismo triposo de Animal Collective o la luminosidad classy de Grizzly Bear, Bear in Heaven se fueron por la tangente con un disco cargado de percusiones migrañeras, sintes obsesivos y letras enigmáticas en el acercamiento más bizarro y efectivo al disco 70´s, a la new wave, a la psicodelia freak, al futurismo y al rock progresivo (ahí, tojunto) que vimos en todo el año. Canciones como Beast in Peace (el inicio de disco más apabullante del 2009), Lovesick Teenagers o You Do You, por citar algunas, porque en el disco no sobra nada, son piezas paisajísticas, cinematográficas, llamadas a permancer irredentas en la memoria de este fin de década tan experimental y flipado.

12. PASSION PIT, Manners (R). Sabíamos que iban a petar… y petaron. Y, por mucho que hayan protagonizado el caso más flagrante del año en cuanto a la estulticia moderniqui del “me gustaba más la maqueta“, no se puede negar que Manners es un discazo respleto de hits que depuran el sonido ya presentado por la banda en el EP Chunk of Change. Electro pop espídico con coros infantiles… ¿no estaba cantado que nos íbamos a hacer fans absolutos? Si, además, sumamos una capacidad granítica para el estribillo arrebatador y una voz, la de Michael Angelakos, original y fresca (a la par que teatral… con una teatralidad muy diferente a la de Wild Beasts), sólo puede ocurrir que Manners sea uno de los discos que más han quemado los auriculares de nuestros iPods. Con The Reeling consiguieron estar a la altura de Sleepyhead creando un single coreable que pone del revés al púbico en sus conciertos (lo vimos con nuestros ojitos), pero es que con temas como To kingdom come o Let your love grow tall dinamitan sus propias fronteras cualitativas y alcanzan cotas poco comunes en el pop electrónico.

11. SOULSAVERS, Broken (R). La fuerza arrolladora de Unbalanced Pieces casi casi nos obliga a situar este Broken en el Top 5. Merecerlo, lo merece. Habrá quien, aún deslumbrado por los brillos de Revival, siga prefiriendo la anterior entrega de Soulsavers: It’s not how far you fall, it’s how you land. Pero afirmar tal cosa es perderse plenamente el proceso de maduración al que los de Rich Mahin han sometido a su sonido gospel-rock aguardientoso de cenagal: Broken suena a nueva religión… y no sólo por la voz de Mark Lanegan. Absolutamente todas las canciones del álbum suenan redondas en su exploración de la nave central de una iglesia pagana en la que corre el bourbon como si de vino de mesa se tratara. Además, las bondades del tercer álbum de Soulsavers va más allá de Unbalanced Pieces: Some misunderstanding, Death Bells, You will miss me when I burn, Praying ground… No hay aquí ningún corte de relleno: todos están al servicio del Dios oscuro de la música.

10. MUSIC GO MUSIC, Expressions (E). Cuando las modas musicales miraban para otro lado y se recreaban en homenajear otras épocas, estos chicos hicieron de su capa un sayo y se soltaron con un album de disco pop progresivo y setentero que haría humedecer las mallas de Agnetha Fälstkog y Anni-Frid Lyngstad. Pero no solo de ABBA viven Music go Music, y sus referentes van mucho más allá y, como sus melodías de infinita luminosidad, no tienen fin: la ELO, The Human League, Meat Loaf, Chic… todo ello pasado por un filtro post moderno y totalmente ausente de prejuicios, dando como resultado un disco tan vitalista, barroco y anacrónico que parece mentira. Lo supieron aderezar con un halo de misterio y una estética impagable. Y en el camino, además, nos regalaron hits como Thousand Crazy Nights, Explorers of the Heart, Love Violent Love o la interminable y muy progresiva Warm in the Shadows. Nunca resucitar las campanas tuvo tanto sentido.

9. ANTONY & THE JOHNSONS, The Crying Light (R). Otro número 1 indudable que se ha chocado frontalmente contra un año de bonanza. La continuación del excepcional I am a bird now se esperó (durante varios años) como agua de mayo… y nos llegó como agua de mayo y de enero y de febrero y de marzo y de abril y de todos los demás meses hasta llegar hasta este 2010 que acabamos de descorchar. Las escuchas reiteradas no desgastan The Crying Light (y si alguien piensa que sí, que escuche la versión de Crazy in Love que Antony lanzó a mediados de año y vuelva a enamorarse). Más bien, le van confiriendo una mayor intensidad… Y es que el tercer album de Hegarthy consigue las mismas cotas de intensidad que sus trabajos anteriores recurriendo al mínimo posible de elementos: el minimalismo sonoro de The Crying Light consigue que sus composiciones desnudas, despojadas de la ampulosidad pasada, suenen igual de sangrantes que aquellas que le valieron la fama. La espera, sin duda, ha valido la pena.

8. GRIZZLY BEAR, Veckatimest (E). Si hablamos de orfebrería pop, los de Ed Droste son los maestros del momento. Veckatimest es uno de esos discos que requieren de muchas escuchas para poder ser digeridos y apreciados como se merecen. Con la diferencia de que entra desde el primer momento. No hace falta adentrarse mucho en sus melodías y en sus temas para apreciar el laborioso trabajo que subyace en él. Capas y capas vocales e instrumentales que se abren paso a paso por el reproductor de forma lenta y concisa, y que se abren en el oyente como una flor en plena polinización. Entre la psicodelia sesentera, las harmonias vocales de Brian Wilson, el pop luminoso de los propios Beach Boys y la cadencia twee pop, Grizzly Bear han sabido crear un sonido laborioso, brillante y muy personal y lo han volcado en uno de los discos más bonitos (sí, he dicho “bonito”) y más elaborados del año. Un gustazo.

7. THE XX, XX (R). Habrá quién se pregunte (de hecho, yo mismo me pregunto): ¿qué hacen The xx en el número 7 cuando, por mucho que Raül haya dado sobradas muestras de adoració y fanatismo, Estela ha declarado abiertamente su disgusto por este no-hype? Será que somos una democracia muy bien avenida o será que las excelencias del debut más impactante en años son incontestables incluso para los que no sigue esta relixxión… Sea por lo que sea, The xx han firmado un primer álbum excepcional que no suena a carta de presentación de un sonido propio y elaborado con minuciosidad: esto suena a disco cumbre en la carrera de unos artistas que llevan años destilando la sensualidad synth de los ochenta en una cámara de vacío. Perdón, que aquí no hay “vacío”… sino “espacio”. Un espacio primario y básico en el que retozan emociones noctívagas y post-coitales por doquier. Muy probablemente, lo más interesante que le ha pasado a la música “comercial” desde Aracade Fire.

6. PET SHOP BOYS, Yes (E). Lo estábamos deseando. Los fanes y fanas de Pet Shop Boys queríamos, no, necesitábamos un disco nuevo y reivindicable. No bastaba con un single radiable, o con un hit reminiscente. Y llegó Yes como respuesta a nuestras plegarias. Love, etc. ya nos hizo despertar de la vigilia. Era un single sencillo y tan efectivo como los mejores, que además venía adornado con coros a la Go West y un vídeo la mar de simpático. Pero lo mejor de todo es que la mayoría del conjunto era igual de lustroso y todas sus canciones recordaban los mejores momentos de Tennant y Love en sus distintas etapas. Por un lado los hits pisteros de un electropop classy y elegante que solo ellos podían firmar: Pandemonium, All over the World, More than a dream, Did you see me coming…, y por otro las baladas introspectivas pero maximalistas: Building a Wall, Vulnerable, King of Rome y, por supuesto, LA canción: The way it used to be. No es un disco perfecto, pero es lo mejor que nos podían regalar.

5. MAYER HAWTHORNE, A strange arrangement (R). Supimos que A strange arrangement estaría en los primeros puestos de nuestra lista de lo mejor del año desde el momento en el que Mayer Hawthorne salió al escenario de la sala Apolo, hará ahora casi dos meses. Bueno, ya nos hicimos una idea al notar que Just ain’t gonna work out era carne de repeat en nuestros iTunes… Y todo esto sin hablar de las bondades del debut de Hawthorne: todas y cada una de las canciones de A strange arrangement suenan a paraíso vintage. Pero nada de esas tiendas vintage en las que una chaqueta adidas Originals te cuesta un riñón, no. Esto va más de un colega que te invita a su casa y, cuando entras en su habitación, ¡zas!, aquí está el paraiso vintage genuino. Lo de Hawthorne es puro soul setentero con referencias y reverencias a los maestros: Marvin Gaye, Curtis Mayfield, Stevie Wonder, la Motown, Phil Spector… Todo encapsulado en el ejercicio definitivo de revisionismo que algunos piensan que llegó a su cénit con Amy Winehouse. No, señores. Mayer Hawthorne es el presente. Y el futuro.

4. LITTLE BOOTS, Hands (E). Lo de Victoria Heskett fue igual que la fábula de Pedro y el Lobo. Tanto se nos dijo que su disco iba a llegar y nunca lo hacía que, cuando pasó, casi nadie se quiso dar cuenta. No fue nuestro caso. Hands es un catálogo de hits de pop perfecto con más highlights que relleno (y esto es más de lo que pueden decir sus involuntarias competidoras). Meddle y Stuck on repeat sonaban conocidas y próximas, pero no perdieron fuelle junto a los nuevos hits de electro bailongo que componen este disco: desde el homenaje en clave de perla dance a Sylvia Plath de Mathemathics, pasando por el trallazo pistero definitivo que fue Remedy, hasta la ligereza y asimilación fácil y agradable de Symmetry y Hearthquake. Lo mejor que tiene Hands es lo mucho que promete. No es el disco definitivo de Little Boots, pero gracias a él sabemos que lo mejor está por llegar.

3. FEVER RAY, Fever Ray (R). Cuando todo el mundo esperaba que The Knife se descolgaran con una epatante continuación para su maravilloso Silent Shout, llega Karin Dreijer y planta delante de la cara de todo el mundo (que quiera y sepa escuchar) uno de los discos más impactantes de la temporada. Sin alejarse demasiado de las oscuras cordenadas ya exploradas junto a su hermano, Fever Ray suena a soplo cálido en la nuca, a tantear la oscuridad con los ojos cerrados… A adentrarse en una mente que, pese a estar bañada en sangre ngra, no deja de resultar cercana y reconocible: las atmósferas sintéticas de Fever Ray están repletas de una vitalidad casi analógica. Lo chamánico de temas como When I grow up o Concret Walls choca frontalmente contra los vapores orientales de Triangle Walk y otras composiciones, obteniéndose así un álbum que se cuece a fuego lento, como el caldero de una bruja que nunca se pretende buena para raptar a niños. Fever Ray no es buena. Es buenísima… Aunque, para ello, tenga que ser mala malísima.

2. FUCK BUTTONS, Tarot Sport (E). Nos cogieron con las bragas bajadas y nos plantaron un disco de trance en los morros y nosotros sin esperarlo. Fuck Buttons han sabido coger lo peor del espíritu decadente de la crisis del 2009 y hacer una banda sonora apocalíptica, hedonista y ravera. Escuchar Surf Solar de noche y borracho es como proyectarse al cielo y perderse en el camino, pero además firman temazos como Rough Steez o Flight of the Feathered Serpent, temas densos, progresivos y que se toman su tiempo en su desarollo, que lo convierten en un disco granítico, compacto y duro como un bloque de cemento. Tarot Sport no es un disco fácil, no es un disco al uso y no es un disco agradable. Se apuntala en el bizarrismo, la rudeza y las aristas, y donde otros han intentado pincelar con suavidad una época que, en definitiva, es una mierda, ellos han sabido catalizar el pesimismo generacional y convertirlo en himnos de madrugada y estupefacientes; además a ellos les debemos uno de los mantras de la temporada, recordad: para hacer bien el Solar hay que venir al Surf, o lo que es lo mismo: Trance o muere.

1. ANIMAL COLLECTIVE, Merriweather Post Pavilion (R). Mucho hemos deliberado en torno a la decisión de otorgarle nuestro número 1 a Merryweather Post Pavilion… Sí, sabemos que absolutamente todo el mundo ha considerado que lo último de Animal Collective se merecía el primer puesto en absolutamente todas las listas. Pero, a estas alturas, vosotros deberíais saber que nosotros solemos hacer lo que nos apetece… menos cuando hay que exclamar eso de “al Papa lo que es del Papa“. Y con Merriweather Post Pavilion no sólo hay que pronunciar esas palabras: hay que gritar “¡al Papa lo que es del Papa y de la Iglesia y de todos nosotros y del Espíritu Sante, coño!“. No hay duda de que 2009 se ha visto alumbrado por la luz cegadora de Animal Collective y este álbum que no sólo actúa de compendio enciclopédico de todos los anteriores logros experimentales de la banda: lo verdaderamente impactante en Merriweather Post Pavilion es que el Colectivo Animal ha conseguido hacer que toda esa experimentación sea accesible en su disco más pop. Un perfecto manual de instrucciones para adentrarse en el universo de Animal Collective… y, simple y llanamente, una manera sublime de pasar 54 minutos suspendido en la absoluta felicidad musical.

Anuncios

4 comentarios

  1. Hasta el #8, OK, o incluso bien, muy bien. Pero ¿Fuck Buttons? ¿Little Boots? C’mon guys 😛

  2. […] dosmilnueve4girls. Discos internacionales […]

  3. ¿Pero qué le ha dado a la humanidad con el disco de Prefab Sprout? Yo es que lo veo como un artefacto de pop viejuno, a la altura de un disco de villancicos de Paul McCartney featuring Barbra Streisand. Será cosa de darle otra oportunidad…
    Me ha gustado ver a Mayer Hawthorne y Loney Dear, poco frecuentes en estas listas, o al menos en las que yo he visto.
    ¿Y cómo es que no estáis celebrando la confirmación de Fuck Buttons para el Primavera?

  4. […] dosmilnueve4girls. Discos internacionales […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: