discos4girls. Bear in Heaven – Beast Rest Forth Mouth

E: Seguramente 2009 pase a los anales de la historia musical reciente como el año de la democratización de la psicodelia pop, (también lo hará por ser el año en el que Mayer Hawthorne puso de manifiesto que algún día dominaría el mundo, pero esa es otra historia). El lado positivo es, sin duda, el inacabable abanico de posibilidades que se abren para un público inquieto y ávido de nuevas sensaciones. El negativo puede que sea que se obvien o pasen desapercibidas propuestas en detrimento de otras más populares. Puede que en conjunto el experimento de psicodelia freak de Bear in Heaven no tenga nada que ver con la enormidad del tan justamente cacareado Merriweather Post Pavillion, pero personalmente no puedo evitar pensar que sin el uno quizá seríamos incapaces de degustar como se merecen las virtudes del primero. Beast Rest Forth Mouth es un disco tan raro como genial, tan digestivo y reconfortante como un caldo de pollo en pleno invierno y a la vez tan esquivo, flipante y flipado como un viaje de setas caducadas. Una experiencia curiosa, peculiar y muy epatante que aturde al que escucha y al mismo tiempo provoca una agradable calidez en el bajo vientre. El futuro del pop está aquí, y justo hemos empezado a desflorarlo.

R: Y mira tú por dónde que yo ni me acordaba de la referencia a Animal Collective, por mucho que fue la primera que también me vino a la cabeza en la escucha de este excepcional Beast Rest Forth Mouth: los ritmos primigenios, la capacidad de aplicar el término “prog” a géneros que van desde el pop al punk-rock pasando por lo cinemático… Y es que precisamente en eso de “cinemático” es donde estoy ahora mismo cada vez que escucho el álbum de Bear In Heaven. Perdonadme la digresión, pero hubo un día que iba escuchando el álbum en mis auriculares, por alguna calle nocturna barcelonesa, y me vino a la cabeza una pregunta deliciosa: ¿sueñan los androides con ovejas electrónicas? Porque está claro que Beast Rest Forth Mouth tiene mucho de unos Animal Collective metalizados (en una aleación de hierro tendente al óxido), pero también resulta que serían la banda sonora perfecta en la que hubiera pensado Philip K. Dick si hubiera escrito su libro en nuestros días: olvídense de Vangelis y de Blade Runner, señoras y señores… El futuro del prog-pop lo tienen en sus manos Bear In Heaven y suena a androides con caderas preparadas para el baile desaforado, a una humanidad recluída en grupúsculos tecnificados que están intentando recuperar el legado de sus ancestros por la vía de la música. Y esta música, claro, presenta un concepto del espacio melódico caldeado por una tensión palpable entre el metal del futuro y la percusión del pasado: las baterías tribales chocan de frente con sintetizadores galácticos, la voz tendente a la emoción (que no a lo emo) se da de bruces contra unas estructuras que miran de frente a la progresión pero nunca a la digresión (como la mía). Lo dicho: si K. Dick estuviera escribiendo su libro ahora mismo, seguro que se replanteaba cambiarle el nombre. Y no quedaría nada mal: ¿sueñan los androides con osos electrónicos? La respuesta, evidentemente, es que son precisamente los Osos (en el Cielo) los que sueñan con los androides.

E: Bueno, quien dice Animal Collective, dice Dirty Projectors o Grizzly Bear (estos últimos ya los citaban en su propio blog). Estamos ante un momento de eclosión psicodélica que no parece tener ni fin ni senda definida, pero que definitavamente nos está proporcionando momentos húmedos y de puro vicio y disfrute musical. Beast Rest Forth Mouth tiene en común con todos estos grupos que es un disco de escucha pausada, que requiere de atención y curiosidad. Tiene algo que hace que entre a la primera, y sin embargo muy probable que a unos oídos poco acostumbrados a las frikadas musicales les cueste entenderlo. Es normal. Una intro como la de Beast in Peace es poco menos que una declaración de intenciones y un puñetazo en la boca. Una canción que sube hasta el cielo en espiral y luego explota con más ahínco que los fuegos artificiales de Blanes. Pero lo mejor está por llegar, en todo el disco no hay momento para el descanso ni concesiones. Se enlazan los temas unos con otros en un sinvivir musical de puro disfrute y paranoia, que pueden elevarte a una total ingravidez un tanto melancólica, que atrapan por las percusiones y enamoran por la nostalgia que destilan, con melodías repetitivas, cadentes e infernalmente rítmicas que se desgranan en composiciones que, siendo épicas, no resultan en absoluto presuntuosas. El mantra insistente y opresivo de You Do You; la locura cableada de Lovesick Teenagers (la más cercana para mí a esas fantasías Dickianas a las que hace referencia Raül); el paisajismo abstracto, decadente y frío de Dust Cloud, son los mejores momentos, junto con la citada Beast in Peace, de un disco que no tiene una canción mala o floja. Raül citaba a K. Dick, pero aquí se podría añadir tranquilamente a Ballard y a Gustav Lem, visionarios de un futuro incierto pero atractivo. Escuchando Beast Rest Forth Mouth uno no piensa, se proyecta.

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