gigs4girls. The xx (Barcelona, 9 de noviembre)

Imagen 2R: Lo tenían todo dispuesto para bajar del escenario de la sala Razzmatazz 2 diciendo aquello de “Veni, vidi, vinci“… Y así lo hicieron (bueno, seguro que lo que dijeron se acerca más a “we rule, man“, porque digo yo que el latín no triunfa mucho entre las nuevas generaciones). No sólo tenían el terreno preparado por los centenares de críticas positivas y las toneladas de expectación que han conseguido levantar entre el público en general (¡sold-out absoluto para una banda recién nacida!), sino que Extraperlo supieron caldear el ambiente, demostrando que las brisas tropicales que han bañado sus conciertos de este verano (y pienso específicamente en el del Faraday) no es algo que dependa de temporadas o de emplazamientos: la llevan con ellos mismos.  Así que, desde el  momento en el que The xx empezaron su actuación, sabían que el suelo que estaban pisando era más el primer lugar de un podio que un escenario. Confirmamos lo que ya se ha confirmado en las últimas actuaciones de la banda: ya no son cuatro. Tras la marcha de Baria Qureshi, los tres miembros restantes han tenido una semana escasa para readaptar el repertorio y apañárselas como han podido con el reparto de tareas. Conclusión final: no sólo se las apañan, sino que incluso puede que se hayan crecido ante la adversidad. Eso sí, hay que ser sinceros: a Romy, Oliver y Jamie les costó arrancar. Las tres primeras canciones sufrieron del síndrome de calentamiento previo a cualquier ejercicio físico de altura: Jamie descuadraba su caja de ritmos con frecuencia y el sonido estaba francamente bajo. Pero como en cualquier carrera de fondo que se precie, hubo un momento mágico (y me aventuraría a afirmar que ese momento coincidió con el atronador interludio de la retumbante Fantasy) en el que los tres esfuerzos de los chicos se alinearon en una misma dirección… y, a partir de allá, el globo no hizo más que subir y subir y subir. Con el público apilotonándose en la pequeña caja que transporta pasajeros.

No dejaron nada para el final: su actitud es tan cristaina que huyeron de los golpes de efecto y, antes de que te dieras cuenta, ya te habían fusilado a base de Basic Space y Crystalized. Islands, Shelter y VCR (esta última un poco lastrada por el calentamiento inicial) también marcaron puntales de intensidad. Pero si hubo algo sorprendente, fue observar cómo dos composiciones se destacaban como caballos ganadores en esta carrera a cámara lenta que supuso el concierto de The xx en Barcelona: para empezar, la versión de Teardrops (de Womack & Womack) que ya habíamos escuchado previeamente pero que sobre las tablas sonó exhuberante y bailable… Y, sobre todo, ese Night Time que ya se intuía como grower absoluto del álbum y que allá, entre el público, se reveló como un pepinazo certero a la manera de aquellos que se mantenían unos minutos rodando entre las manos de los porteros de Oliver y Benji. Por encima de todo, quedó una sensación de euforia aletargada, de imagen mental debastadora: esto es lo que nos queda tras varias décadas de electropop. Esto es la desolación de un panorama musical que hace tiempo que da síntomas de agonía: músicos que casi no se mueven sobre el escenario, melodías hipnóticas que suenan a encefalograma plano pero que vibran repletas de emociones y, sobre todo, un corazón de calidez musical derritiendo poco a poco, muy poco a poco, el cuerpo helado en el que está contenido.

Todo depende, sin embargo, de a quién preguntes. A la salida de la sala Razzmatazz 2, el debate que lleva unos meses vigente en torno al disco (“a mi me flipa” / “a mi no me llega“) amplificó las fronteras de su campo de batalla: ¿el concierto había sido un aburrimiento o una maravilla? De nuevo, como siempre que nos topamos con un fenómeno de grandes dimensiones, las opiniones se polarizan. Pese a ello, aquí ya no vale el “a mi no me llega“… Señoras y señores, The xx son como Dios (y sí, digo todo esto como un juego gracioso pero también a sabiendas de las implicaciones de semejante analogía): ellos eligen a quien llaman y a quién no. Si no has sentido su llamada, puede que te vayas a quedar fuera del futuro.

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