gigs4girls. Passion Pit (Barcelona, 22 de agosto)

Imagen 2R: Era el evento imprescinidible de la temporada: grupo revelación, disco tremendo… Y, sin embargo, a diez minutos de que empezara el concierto (es decir, a las tres de la madrugada), en la pista del Razz Club se congregaba la parroquia habitual de un sábado por la noche cualquiera (con dos british-sissys de 12 años en el pódium que nos fascinaron profundamente a Estela y a mi)… ¿O no? Poco a poco se empezaba a ver gente de más de 15 años cerca del escenario. Gente que, en cuanto se levantó el telón y arrancó el primer tema, empezó a moverse demostrando a aquellos que te llaman “señor” en la cola de la barra que puedes bailar y darlo todo una vez dejas de utilizar Clearasil. Y es que el show de Passion Pit despegó con los motores a toda potencia: Michael Angelakos bricando y desgañitándose como un Nic Offer antes de su dosis de medianoche, la banda dispuesta a buscarle los pliegues de ruido dancero al pop electrónico deliberadamente kitsch… La voz del cantante sigue siendo el mayor activo de esta banda, aunque al verlos sobre el escenario está claro que el papel de la banda es más que importante a la hora de conseguir que ese sonido retro-electrónico salte por encima del adjetivo “hortera” y aterrice directamente en la actualidad musical. Una pena que, ya desde el principio, el técnico de sonido no estuviera a la altura: está claro que la proliferación de capas de sonidos que practican Passion Pit debe ordenarse en la tabla de mezclas con una limpieza absoluta antes de entregarse al público. Y allí, más que orden, había una preocupante tendencia a la bola de sonido que acabó desluciendo algunos de los temas.

Pero seamos sinceros: si has aguantado hasta las 3 de la mañana, lo que quieres es que te cojan los huesos y te den un meneo que ni tu pareja a la vuelta de un viaje de trabajo. Ahí es dónde Passion Pit cumplen. Y con creces. Los hits se suceden con una fluidez pasmosa: sonaron Little Secrets, I’ve got your number (preciosa concesión a su EP que sirvió para caldear el ambiente como segunda canción del setlist), Let your love grow tall (innombrable subidón de coros tremendérrimos), Eyes as candles (lo más cercano a una balada que puede soportarse a esas horas… suerte que la belleza del momento ayudó a digerirla e incluso a contenearse y cantar un poquitín a lo drama-queen)… y, claro, los dos momentos cumbres de la noche: la ya imprescindible Sleepyhead (que pierde algo de pegada en su versión directo) y The Reeling cerrando la actuación con una orgía de coros en la que el público se entregó de forma absoluta. Incluso los dos temas nuevos (que encorsetaron el parón antes del bis) mantuvieron el interés explorando nuevas vías sonoras: el tecno-pop más trallero por una parte y el funk triposo por la otra.

¿Que si se echó algo en falta? Dos cosillas. La primera, To kingdom come (¡cancionaca!). Y la segunda, el coro de niños que iban, en esta ocasión, enlatados. Pensemos bien: las 3 de la madrugada no son horas para subir a un grupo de churumbeles al escenario de un club, pero no negamos la posibilidad de que este coro infantil sí que les acompañe en el resto de la gira. Por lo demás, Passion Pit no defraudaron: su actuación en Razz Club no sólo cumplió con lo previsto, sino que incluso regaló momentos de trallazo absoluto que ya están en Manners, su debut, pero que en directo crecen en una espiral de energía imparable. Eso sí: dadme una mayor limpieza de sonido… y estaréis cerca de ser una actuación redonda.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: