snob4girls. Japandroids – Post-nothing

Imagen 1R: En plena resaca de una época en la que un grupo no era un grupo si no tenía, como mínimo, 15 miembros multi-instrumentalistas que tocaran instrumentos a cada cual más extraño, sorprende la nueva tendencia al colapso de las nuevas bandas sobre dos únicos miembros: guitarra y batería. La voz casi que no es importante. Por esa vía ya han destacado Matt & Kim y algunos más, pero los que se van a llevar la palma son, sin duda, Japandroids. Para empezar, porque en su haber tienen dos de los nombres más arrebatadores de la temporada: el primero, el de la propia banda, con esa cachonda mezcla entre nipones y cacharros robóticos; y, para acabar, el de su debut. Post-nothing es un álbum que anuncia, desde su título, que está de vuelta de todo. Pero que nadie piense en nihilismo y pesimismo, dos de los grandes males de la generación musical precedente: lo de Japandroids es la unión de dos colegas de toda la vida que han montado una banda para hablar de sus cosas. Y sus cosas son de todo menos graves: hay chicas, hay casas distantes, hay chicas e incluso más chicas. Si te parece que esto da más bien para un disco de ñoñi-pop, quítate la idea de la cabeza, porque lo que hacen Brian King (guitarra) y David Prowse (batería) está más cercano al noise-pop practicado en un garage con las puertas abiertas. ¿Qué me cuentas? ¿Garage-punk optimista? O los tiempos están fatal… o están más que bien.

Imagen 2Sea como sea, se agradece la ración de aire fresco que aportan Japandroids a una escena tendente a lo sesudo y lo serio. Basta escuchar The boys are leaving town, el tema que abre Post-nothing, para intuir por dónde van a ir los tiros del resto del álbum: guitarras encabalgadas con la distorsión justa, batería espídica que no se permite un segundo de descanso y juego de voces que se alterna o corea dependiendo de la intención final de cada una de las composiciones. La intención final del disco, por encima de todo, es pasarlo bien y empapar tu ropa del sudor que abunda en esos sótanos hacia los que se deslizan las buenas (y ruidosas) actuaciones. El resto de canciones no tienen desperdicio: desde el baladón (o lo que Japandroids puede entender como baladón) I Quit Girls hasta las imparables Young hearts spark fire, Heart Sweats y, si se me permite la frivolidad de escoger mi favorita, Wet hair. Así que repitamos la pregunta: ¿garage-punk optimista? Será que los tiempos están mucho más que bien. Y que dure.

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