snob4girls. Cass McCombs – Catacombs

Imagen 1R: Catacombs contiene una canción, Dreams-come-true girl, que juega a favor y en contra del último disco de Cass McCombs. Es, simple y llanamente, plusperfecta. Uno de los temas imprescindibles del año, sin duda. Pero cuando tienes entre tus manos semejante composición y la utilizas para abrir el álbum, puedes encontrarte con que el resto pierde brillo… Algo así pasa en Catacombs. Aunque no del todo. Porque lo que sigue a Dreams-come-true girl es perfecto, de tal forma que sólo pierde el “plus” de delante y casi casi casi que ni se nota: un ejercicio de roots cocinadas al calor del chisporroteo de una buena hoguera iluminando la noche del paisaje desértico de Texas. La canción inicial dispone la estructura de base sobre la que se erigirá el resto del álbum; pero que nadie piense en un edificio  lujoso, sino más bien en una cabaña destartalada con un patio por el que circulan bolas rodantes..

Si después de la concatenación de imágenes todavía no te ha quedado claro que Catacombs suena a música de raíces con un agridulce sabor norteamericano, probemos en el plano referencial. Cass McCombs firma una delicia que suena al Bill Callahan menos gótico, a un Iron & Wine empachado de abulia melancólica, a un Jose González después de pasar dos años en Austin (Texas), a unos Mojave 3 sin los ropajes rítmicos de pirotecnia pop, a un Mark Kozelek que coge las florituras de su garganta y viste con ellas las cuerdas de su guitarra acústica… También suena, por increíble que parezca y como bien dice Cristian Rodríguez en su crítica para Playground, a los Peter, Bjorn & John de Writer’s Block después de haberse pasado una temporadita (larga) escuchando a Kris Kristofferson y a Gram Parsons. Pero, de nuevo, que las referencias no te hagan pantalla en los oídos, porque Catacombs está repleto de canciones que hablan por sí mismas sin necesidad de tender lazos hacia otros parajes sonoros. Más allá de la belleza crepuscular de Dreams-come-true girl (con la participación de la ajada actriz Karen Black reiterando la atmósfera del Lynch más fronterizo), no es difícil dejarse empapar por las excelencias de temas como Harmonia y sus frágiles horizontes de digresiones country-pop; You saved my life y sus ritmos rotos en quebradas pseudo-mortuorias; Lionkiller got married y su glam-country en tensión continua;  My Sister My Spouse y su arrebatadora caja de ritmos rota; o la bellísima harmónica de One way to go puntueando el onirismo roots de una tarde de otoño… El conjunto, una vez franqueado el peaje cegador de Dreams-come-true girls, es más que perfecto alimento para las almas cultivadas en los ocasos de los desiertos norteamericanos. Como la mía. Como la tuya.

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