gigs4girls. Pet Shop Boys en el Poble Espanyol (7 de julio)

dr_pet_080720094R: Dos hechos y una refutación. Primer hecho: el anterior disco de Pet Shop Boys se llamaba Fundamental. Segundo hecho: en ese álbum había una canción que se llamaba Minimal. Refutación: a diferencia de la anterior gira (que nosotros disfrutamos en el marco de un desangelado festival patrocinado por ASICS), en este Pandemonium Tour sí que hay minimal y fundamental. Casi casi podría decirse que, desde el punto y aparte que marcaron con la recopilación Pop Art, Pet Shop Boys han ido fagocitando la historia del arte (siempre desde un punto de vista naïve y, evidentemente, muy pop art). Ahora es el turno del cubismo, pero un cubismo revisitado a través de lo mínimo y fundamental: mientras que en la anterior gira se trataba de ver quién la tenía más grande (¿cuántos bailarines somos capaces de encerrar en 10 metros cuadrados? ¿cuántas luces pueden cegar al público? ¿cuántos cambios de vestuario podemos permitirnos sin causarle una esquizofrenia galopante a Neil y Chris?), desde el principio del nuevo show se advierte una elegante limpieza en las líneas de espectáculo. En el escenario, un doble muro formado por cubos blancos sobre el que inciden las proyecciones. En un lateral, dos personajes vestidos de un único color cada uno y con un cubo plantado en la cabeza hacen que tocan unos teclados mientras mueven la cabeza al ritmo de la música… Y, de pronto, salen al escenario Neil Tennant y Chris Lowe, también con cubos de colores en la cabeza. La primera canción (Heart), la bordan con semejante outfit, haciendo pensar en si son o no son ellos y si realmente Tennant no estará cantando desde el backstage con un Pernod en la mano. Ni mucho menos: al acabar esta canción y arrancar Did you see me coming?, los dos aparcan los cubos (aunque los otros dos tipos del teclado continúan con ellos) y empieza el show de verdad…
Las canciones se suceden como un greatest hits absoluto, aunque a diferencia de la presentación de Fundamental, donde realmente existía la intención de bordar un greatest hits con presencia testimonial de las nuevas canciones, en esta ocasión el grueso principal del concierto lo conforman temazos como Love, etc. (¿hay alguien que no adore esta canción?), The way it used to be (en una injusta versión de bajón que, incluso así, fue uno de los highlights de la noche), All over the world, Building a wall o el delicioso delirio de la mezcla entre Pandemonium y Can you forgive her? (sí, para nuestra consternación, se dejaron More than a dream). Será que las nuevas canciones lo valen. Y mucho. No pararemos de repetirlo una y otra vez. El resto del setlist tampoco es que se quedara detrás: desde la sorprendente versión del Viva la vida! de Coldplay hasta el doblete final de lagrimita con Being boring y West end girls, pasando por baladas rompecorazones (Jelousy y King’s Cross son capaces de hacerle saltar las lágrimas a cualquiera) y los subidones obligados: Go West, Always in my mand, Suburbia y ese It’s a sin que puso el Poble Espanyol del revés en la salida hacia el parón final antes del bis. El espectáculo no se quedaba atrás: los dos muros cubistas se construían y deconstruían en diferentes paisajes dependiendo de las canciones (incluso fue utilizado por los bailarines para tirárselos a la cabeza en la pelea final de Jelousy); mientras que los visuales se adaptaban como un guante al sentir general de cada tema (sí, con momento Go West de gimnasia soviética… ¡y letreros en chino!). Se echaron en falta, eso sí, dos cosas: una mayor implicación del público (que ya sabemos que en Barcelona la gente es fría en los conciertos, pero, en serio, mantenerse imperturbable en The way it used to be no es ser cool, es ser gilipollas) y una mayor chicha en el sonido. Y es que los momentos álgidos de los temas de Pet Shop Boys (que son un no parar) quedaban un poco deslucidos, ya fuera porque el sonido estaba bajo (lo cuál puede deberse perfectamente  a lo especial del recinto) o porque sonaba ligeramente compacto. Dos puntos negativos mínimos que no consiguieron restar brillo a una velada que vino a probar una cosa que ya augurábamos con la publiación de Yes: Pet Shop Boys han vuelto… Si es que alguna vez se fueron.

Imagen 2E: Poca cosa más puedo añadir a tamaña reseña que ha hecho Raül (¿un fan fatal, dónde?)… Sólo que ciertamente Pet Shop Boys han vuelto y por la puerta grande, con un show contundente al que lo único que se le puede criticar es la no inclusión de algunas canciones en un setlist que, siempre, sabe a poco. Harto difícil es, por otra parte, contentar a toda la parroquia allí reunida con semejante carrerón que tiene este dúo de hits y canciones imprescindibles. Cierto que no sonó More than a dream, cierto que Building a wall supo a poco, cierto que nos quedamos con las ganas de que se arrancaran del todo con Closer to Heaven. Pero en contrapartida empezaron con Heart que a mí me pone muy tierna. Con unos visuales preciosos con Neil Tennant allí plantado con su cubo en la cabeza. También cantaron todas las que valen la pena de Yes e hicieron un repaso muy equitativo y acertado de sus primeros discos. Las ausentes: los temazos de Fundamental (que los tiene, ahora no jodamos) y la ignorancia absoluta a un Nightlife que nosotros reivindicamos siempre que podemos. Por lo demás, todo lo que se puede esperar de un concierto de Pet Shop Boys: presencia intachable, corrección milimétrica y perfección suiza, todo enmarcado en una escenografía simple que incidía especialmente en los visuales. Los highlights de la noche fueron muchos: el momento intimista de The way it used to be (sin Kylie), la lluvia de estrellas casi al final, el cover de Viva la vida, la revolución con It´s a Sin y, sobre todo, poder oir en directo por primera vez Being Boring, en un entorno tan precioso como el Poble Español y con toda la carga emotiva que ese tema tiene. Seguro que no solo para mí, sino para todos los allí congregados. Que sí, que aunque la mayoría del tiempo pareciera que estuvieran viendo a Patti Smith recitar el Padre Nuestro en arameo, seguro que en el fondo estaban tan emocionados como nosotros. En definitiva, un concierto que anhelábamos ver, imprescindible por la forma y por el fondo y la reivindicación absoluta de que Pet Shop Boys son y serán los Reyes del (electro) Pop.

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