discos4girls. Linda Mirada – China es otra cultura

480E: Después de oir tropecientas veces su album debut (y creo que nunca me cansaré) y de conocerla en persona, solo puedo decir que Linda Mirada va a ser el mayor fetiche de music4girls desde su creación. Sí sí, más que Britney bitch, habéis leído bien. Pero es que darle al play a China es otra cultura y derretirse es instantáneo. Si además tenéis la ocasión de ver la portada del disco, sabréis por qué la adoramos. Alguien que se demuestra tan abiertamente fan de las portadas de Roxie Music (dicho por ella misma), no merece menos.
Siguiendo con lo extra-musical, yo llegué a Linda Mirada por Mikel Martínez, de Anorak, que hace unas semanas me dijo: hemos hecho un remix de esta chica ¡y va a ser la caña! La canción escogida fue el primer single, San Valentín, que colgaron en PlaygroundMag y que impactó a propios y extraños. Al escuchar la canción despojada del sello electropop de la banda de Rubí, quedaba en evidencia que teníamos una joya del pop nacional en nuestras manos. China es otra cultura es un disco de emociones diversas, de ingenuidad hiriente por su autenticidad y de una sencillez tan extrema que duele. Canciones escritas desde un corazón humilde y con una genuinidad nada impostada, de esas con las que se nace, y que no se consigue ni con años de intentarlo. Musicalmente, el disco podría haber estado enterrado en una cápsula del tiempo durante veinte años. Suena a vintage reciclado de forma muy elegante (no olvidemos que cuenta con la producción de Bart Davenport), a caballo entre el pop y la electrónica softy de los ochenta, sus arreglos discretos dejan evidencia de la afición expresa de Linda Mirada por baluartes del electropop de toda la vida como Yazoo y The Human League. Sin embargo, su pose nada afectada de sufridora en el amor y en la vida la relaciona con esas bandas de los sesenta que tanto admira. Pero es en las letras donde el disco adquiere toda la fuerza que tiene, ahí, en las distancias cortas, cuando ella se pregunta qué le pasa a José, que las veinticuatro horas solo piensa en bailar. O como cuando le suplica a su madre que no tenga pena, que el sexo no es problema, porque el amor no habla su idioma, nada más. Canciones de una superfície lisa, honesta y ausentes de refinamiento innecesario. Linda Mirada ha hecho un disco de esos que te harian perder la cabeza si tuvieras dieciocho años, pero que oyéndolo con una edad ya, te recuerdan que la vida puede ser algo sencillo en apariencia pero complejo en el fondo, y que escoger la vía del pop es guay porque te descubre cosas interesantes a cada momento, pero te aboca a un abismo permanente de sufrimiento consentido pero entrañable.

Imagen 1R: Ya lo ha dicho Estela, pero es que es cierto y no me cansaré de repetirlo: lo que hace desarmante a Linda Mirada es que derriba tus defensas a base de humildad y sinceridad, dos de los valores más denostados en la escena musical actual (donde se encumbra la pose y la charada). Basta una escucha para ver que, sí, que Linda Mirada abre su pecho en canal y te enseña sus vísceras… Pero, como si de un episodio de Vacaciones en el mar se tratara, todo se muestra a través de filtros de dulzura y buenas intenciones (y con una banda sonora vintage de excepción). Aquí no hay sangre. O, en todo caso, se utiliza sirope de fresa para conseguir el efecto pero preservarte del shock (e incluso dejarte un regusto a luz e infancia en el paladar). Porque, al fin y al cabo, lo importante no es que veas la sangre, sino las entrañas. Y de esas hay muchas en las canciones de Linda Mirada: como en las mejores composiciones de Stuart Murdoch (Belle & Sebastian) o de Guille Milkyway (La Casa Azul), los sentimientos agrios y preñados de tristeza se ven envueltos por una bruma luminosa y etérea, hipnótica en su belleza volátil, que puede engañar a tus ojos (y a tus oídos), pero nunca a tu corazón. Eso sí, a diferencia de los dos casos mencionados, aquí no hay cohartada ni literaria ni intelectual: lo de Linda Mirada es casi casi como una conversación entre amigas, sin vergüenzas ni medias tintas. Desvergonzada y directa a la yugular cuando es necesario, y apocada y deliberadamente afectada en las ocasiones en las que el tema así lo requiere.
En conjunto, escuchar China es otra cultura es como entrar en una cápsula del tiempo y transportarte directamente a tu adolescencia. Da igual que fuera en los 70 o en los 80… Porque aquí no hay un retro que busque plasmar los ejercicios de plástica musical de una época en concreto: es más un conjunto de emociones que perdimos cuando giramos la esquina de los 20 años y que, a veces, olvidamos que alguna vez las llegamos a sentir. Hay nanas crepusculares y retro-melancólicas con vómitos y sexo incorporado (Me quedo en casa), puro spaghetti-popstern con aroma de road movie (Nadie camina en Los Angeles), calipsos de domingo por la tarde con la lengua manchada de azul por los chicles de múltiples colores musicales (José) y, sobre todo, en China es otra cultura hay temas que no entienden de paredes genéricas y que se desbordan más allá de cualquier calificativo para  que te contonees en la pista de baile como si tuvieras 16 años y te dejaran entrar por primera vez en una discoteca ideal en la que suena por doquier pop y synth. Estoy hablando de las excepcionales Tokio, San Valentín y una de mis preferidas: El día en que hablamos por primera vez, con ese sprint final que es como ir en bicicleta por las calles del pueblo de tus padres en el último día del verano. No hay más. Pero si todo lo que hemos dicho te ha parecido poco, será que este no es tu tipo de música y que la discoteca ideal de tus 16 años era de chumba chumba. Para los demás, para a los que de vez en cuando, al estar solos en casa por la noche, nos duele el corazón por mucho que intentemos hacerle creer lo contrario al mundo sin corazón en el que hemos decidido vivir… Para nosotros, Linda Mirada es lo mejor que nos podía pasar.

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Una respuesta

  1. Creo que hemos escrito el post más largo de nuestra historia…

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