discos4girls. Scott Matthew – There is an ocean that divides…

Imagen 2R: Supongo que a más de uno (y de dos) le habrá parecido extraño que todavía no hubiéramos dedicado un espacio en music4girls a lo nuevo de una de nuestras apuestas más dulces, y más después de colgar por aquí el video del single de adelanto con el que Scott Matthew anunciaba disco. Pero es que, como ocurría con su debut homónimo, There is an ocean that divides (que lo vamos a llamar así pero que sepáis que esto es sólo el principio del título verdadero: There is an ocean that divides and with my longong I can charge it with a voltage that’s so violent to cross it could mean death) tarda un tiempo en florecer completamente. Así que, por una vez, y para que nadie pueda tacharme de dejarme llevar por la pasión del primer momento, he preferido esperar unas semanas antes de aventurarme a opinar. Eso sí, más os valdría que hubiera opinado hace un mes, porque mi pasión es mucho más intensa ahora que entonces.

Y es que There is an ocean that divides es un disco de evolución: nada de continuismos que aprovechen la tirada que, sin duda, tiene el aura de cantautor maldito y dramático que ya explotó en su primer trabajo. El álbum se abre con Every traveled road, remitiendo a los tiempos medios con un punto de viaje de carretera que ya exploró anteriormente. Y aunque For Dick, el segundo tema, sea una deliciosa concesión a su vena triste y melodramática (de hecho, es una de esas canciones que, en directo, pueden hacer sangrar cicatrices antiguas), con Ornament se empieza a ver la luz. Y que nadie piense que lo de ver la luz es algo gratuito: mientras que su primer álbum estaba preñado de melancolía, tristeza y otras emociones que crecen al amparo de la oscuridad, en There is an ocean that divides hay una excitante fricción entre aquella oscuridad y esta luz. De hecho, es esa una fricción que cualquiera que haya visto a Matthew sobre el escenario reconocerá de inmediato: puede que sus canciones tiendan a escurrirse hacia las sombras, pero su personalidad desprende una iluminación cálida y simpática que se empieza a palpar en Ornament pero que se sigue explorando en otros temas igualmente sublimes en su optimismo, como German o Community.

El conjunto, de nuevo, es una apuesta ganadora. Pero esta vez es una apuesta más realista en sus claroscuros. Puede que su debut llevara al extremo todo un conjunto de emociones dramáticas con las que el público suele empatizar más fácilmente. There is an ocean that divides, sin embargo, plantea una balanza más realista y, a la larga, de mayor calado. Una montaña rusa en cámara lenta que va desde la tristeza más opaca (Friends and Foes o la maravillosa White Horse) a la euforia más luminosa (genial Thistle). Y es que, como en la realidad, cuando ambas se combinan y entrelazan, la tristeza duele más y la alegría brilla con mayor intensidad. Será eso lo que está descubriendo Scott Matthew. A la búsqueda de una personalidad propia cada vez más definida y arrebatadora, el cantautor ha dado con la fórmula mágica: ser uno mismo. Y sonar a uno mismo.

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Una respuesta

  1. […] por la vía legal) con algunos de sus dos excepcionales álbums: su debut homónimo o ese There is an ocean that divides… que presentará en esta gira por nuestro país. Para acabar de convenceros, os dejamos un video en […]

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