popcat4girls. Beyoncé (en Barcelona)

copia DSC05349PopCat: De nuevo me encontraba encima de la moto a toda pastilla dirección al Palau Sant Jordi. Otra vez llegando tarde: aún debía recoger las invitaciones y, encima, con un esguince en el pie que me había hecho ese mismo día en el gimnasio. Llegaba tarde y no podía andar ni rápido ni bien. Con este panorama, la noche pintaba poco esperanzadora. Recogimos las invitaciones con el mal rato gratuito y obligatorio cuando te dicen: “oye, pues no tengo ninguna entrada a vuestro nombre”. ¡¡Horror!! Llamadas, y más llamadas hasta que se arregla el tema. Teníamos nuestras entradas de pista, pero yo con mi cojera y el escándalo de mi pie, se ve que dí pena y mi entrada de pista se convirtió en entrada de palco. ¡Toma ya! Ahora sí: la noche podía ser perfecta.

Entramos al recinto, y nos sorprendió ver la poca gente que había. Éramos menos de la mitad, y más pena daba aun verlo desde arriba y con luz blanca. Mientras escogíamos asientos, nos fijamos en el personaje que había encima del escenario.“¿Y esa quien es?”,  “Pues aquí dice que es una tal Labuat”. Pobrecilla, con un corsé del siglo XVII, su sombrerito de copa al estilo Moulin Rouge y una falda-tutú estilo Madonna años 80s. Y lo tenía que estar pasando mal, porque estaba sola en el escenario. Y cuando digo sola, quiero decir: ella y el micro. Resulta que esta chavalita, que no cantaba del todo mal, es Virginia, la preferida del Risto Mejide de OT del año pasado. Cuando Labuat (¡vaya cutrez de nombre, por Dior!) salió del escenario sin pena ni gloria, empezó la cuenta atrás para la aparición de Beyoncé. La verdad es que tardó bastante en salir: exactamente unos 20 minutos, pero valió la pena.

copiaDSC05405Se abrieron las cortinas y apareció ella. Guapa, espléndida y pivón como siempre. Con su maillot dorado con un lazo enorme en el culo, que se lo pone otra persona y le dices “pero donde vas!!”, pero hijos míos, a ella le quedaba perfecto. Salió dando caña con sus bailarinas, cantando Crazy in Love / Dejavú, que calentó mucho el ambiente. De hecho, el concierto se caracterizó por seguir dos ritmos con la intención de marcar las diferencias entre Beyoncé y su alter ego Sasha Fierce (a.k.a cuando saque la fiera que llevo dentro te vas a cagar). Y así fue, en unos momentos aparecía angelical con un maillot blanco y una bata transparente cantando baladas bonitas como Hello y Broken-Hearted Girl o insufribles como Ave Maria (sí sí, la de Schubert) y, en cuestión de segundos, desaparecía y volvía hecha un leona con trajes más agresivos y con ciertos toques futuristas, cantando las canciones más duras del disco como Diva, Video Phone y Sweet Dreams.

Bajo mi punto de vista, Beyoncé este año opto por un espectáculo visual más que por un concierto fiestero. Primero, porque para mi el disco no es especialmente bueno, aunque tiene temazos muy grandes como el requete-imitado Single Ladies (ojala Justin Timberlake hubiera salido como bailarín) o el baladorro Halo que, en serio, pone la piel de gallina. Y segundo, porqué superar el concierto de la gira B’day del 2007 es difícil. Así pues, Beyoncé atrajo las miradas de hombres y mujeres con sus bailes imposibles, sus maillots de Swarovsky (nota mental: empieza a ser preocupante la obsesión de las divas del pop por este complemento) sus vestidos dorados, y sus bailarines. El momento cumbre de la noche fue cuando Beyoncé, colgada de un arnés, se desplazo volando por encima del publico hasta la plataforma central donde canto Say My Name y hizo un pequeñísimo popurrí de los temazos de las Destiny’s Child.

copiaDSC05512La pantalla gigante de fondo de escenario ayudó muchísimo, porque realmente los visuales no tenían desperdicio. En la actuación de la canción Radio incluyo un vídeo casero donde aparecían Beyoncé y su hermana Solange con pocos años de edad  bailando. Y qué bien lo hacía, la niña. Ya apuntaba maneras. Beyoncé supo despedirse muy bien de un concierto que, para mi, había seguido un ritmo con demasiados altibajos. El broche final con Single Ladies haciendo el mismo baile que en el videoclip y Halo fue lo que necesitaba para llevarme un buen sabor de boca. Porque Beyoncé te puede gustar o no y puede tener álbums más o menos buenos, pero una cosa si que sabe hacer:  despedirse de los conciertos de la mejor manera que existe, dejando una sonrisa en la boca del publico y la sensación que ha valido la pena. Por eso, por su simpatía y su no se qué salvaje, siempre seré pro Beyoncé.

Anuncios

Una respuesta

  1. п»ї
    Good stuff Thank you

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: