discos4girls. Fever Ray – Fever Ray

l_de974899c9ba426d86413fc5c3127969R: Empieza a sonar la primera pista del álbum, If I had a heart, y un corto-circuito en tu cerebro hace que te debatas entre tres posibilidades: 1. Te falta oxígeno y mejor que vayas de urgencias antes de que te pete un aneurisma, 2. Esto es un deja-vu en toda regla; o 3. Sí, vale, es un deja-vu. Pero también es una apertura colosal: casi cuatro minutos de ambient-bad-rollo de ese al que nos acostumbraron The Knife cuando no les daba por el dance-mal-rollo. Y lo cierto es que, al fin y al cabo, ese primer corte da pistas suficientes como para intuir por dónde van a ir los tiros del proyecto en solitario de Karin Dreijer (cantante de The Knife, por si no lo habíais pillado todavía). Voluntariamente, pero sin necesidad de volantazos bruscos, Dreijer lleva el sonido de su banda hacia nuevos puertos. Hacia puertos mucho más etéreos (si es que eso es posible), hipnóticos… y orientales. De hecho, bien podría bautizarse el debut de Fever Ray como “The Knife goes to China“: la utilización minimalista de la percusión recuerda en todo momento a una ópera china vaciada de dramatismo pero repleta de esa inquietud tensa del último cine asiático, las campanillas y triángulos revisten las composiciones de coloridos farolillos chinos, e incluso los drones repetitivos se escurren en parámetros con sabor oriental. No nos equivoquemos: también puede que todo esto nos suene a chino (y nunca mejor dicho) por el gusto que demostraron muchos de los grupos del synth-pop ochentero en sus postrimerías. Pero no, la intención de Fever Ray va mucho más allá del revival (a diferencia de otros ejercicios de electrónica más popera como Empire of the Sun). Canciones como When I grow up, Seven, Triangle walks o I’m not done son las sólidas columnas sobre las que Karin Dreijer erige un debut sorprendente: puede que aquí no haya jitazos bailables en catacumbas como los de The Knife. Pero es que lo de Fever Ray es mucho más sutil, trabajando por igual las unidades (canciones) para conseguir un conjunto aterrador y bello al mismo tiempo. Como esos cuentos de miedo que te explicaban de pequeño… y se te quedaron dentro para siempre.

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