discos4girls. Morrissey – Years of refusal

imagen-1R: Years of Refusal llega una temporada después de que cierta parte de la crítica musical se echara las manos a la cabeza debido a la falta de interés general ante la revisitación del Scott Walker más melodramático (y popero-orquestal) que The Last Shadow Puppets llevaban a cabo en su debut homónimo. Esa misma parte de la crítica musical y, muy seguramente también el resto, serán los que lapidarán el nuevo trabajo de Morrissey por excesivo en su teatralidad y por megalomanía en sus arreglos. Incluso por hiperactividad en sus ritmos e ínfulas de opereta en su abordaje del trabajo vocal. Pero, señoras y señores, ¿no es esto lo mismo que intentaron hacer The Last Shadow Puppets pero a lo grande? ¿No es esta la evolución lógica del sonido que todo el mundo alabó en You are the quarry y que todo el mundo criticó que Mozz abandonara en Ringleader of the tormentors? La cuestión es que esa “continuidad” con el disco que hizo que habláramos de un come-back en toda regla de Morrissey está más que justificada: mientras que Ringleader of the Tormentors se vio lastrado por la sobreproducción de Tony Visconti, en Years of Refusal es Jerry Finn (fallecido trágicamente poco después de poner el punto y final al disco) el que vuelve a tomar la batuta. ¡Y de qué forma! Vuelven las guitarras espídicas que se aceleran hacia un cielo en el que pop y rock se tocan bañados por azúcar quemada; vuelve la batería omnipresente com esqueleto de cemento; vuelve el gusto por la orquestación, a las que se incorporan unas trompetas deliciosas cercanas al sentir fronterizo de Calexico; y, sobre todo, vuelve Morrissey como uno de los pocos cantantes actuales que sabe que para afrontar composiciones como las suyas, no basta con cantar. Hay que interpretar. Y de eso Mozz va sobrado en temazos incontestables como el maravilloso One day goodbye will be farewell (con esa guitarra que, literalmente, arranca y se dirige hacia un horizonte de power-pop bailable hasta decir basta), When I last spoke to Carol (pop que remite a The Smiths sin amargura, poniendo mayúsculas donde aquellos practicaban minúsculas), Black Cloud, I’m OK by myself o las ya escuchadas (en su Greatest Hits) pero siempre bienvenidas That’s how people grow up y All you need is me. El único resbalón es, precisamente, I’m throwing my arms around Paris, descafeinada y desenfocada. Así que, ¿alguien entiende por qué la han escogido como primer single? ¡Que me lo expliquen!

E: Ha hablado Raül como fanfatal total de Morrissey, que quieras que no, hace que pueda desmerecer un poco (solo un poquito) su crítica. Y eso que me sorprende sobremanera que califique I´m throwing my arms bla, bla (joder qué títulos) de descafeinada y desenfocada… porque a mí me gusta. Y no sólo me gusta su primer single, sino que me gusta el disco entero. Y digamos que no tengo nada en contra de Morrissey, basicamente me cae mal. Y por lo general mi interés en lo que haga es mínimo. Reconozco que en su día le encontré el gustillo a You are the Quarry y que Ringleader of the Tormentors me parece eso, un tormentor. Así que como no fan de Mozz puedo decir que Years of Refusal no está mal. Bueno, qué narices. Está muy bien. Yo no entiendo tanto de las operetas y las desmesuras del ex Smiths, pero cualquiera que esté un poco metido en el tema sabe que Morrissey es como este disco en sí mismo: desmedido, exagerado, megalómano, barroco y cargante (en el mejor y en el peor sentido de la palabra). O entras en su juego o te quedas fuera. En una primera escucha yo me quedé atrapada con Black Cloud, y en general en el disco con la introducción de arreglos guitarreros en plan hard-rock clásico. Me fascinó el regreso a los orígenes de sus temas en The Smiths con All You Need Is Me, está muy bien que siga alimentando la nostalgia de a los que nos gustaban sus discos. Y sobretodo me quedé alucinada literalmente con When Last I Spoke to Carol, con sus trompetas, su guitarra española y su toque enfermizamente fuera de onda y hortera, como un tema descartado de la b.s.o de la segunda entrega de Kill Bill 2. Es adictiva, es épica, es exagerada, es la típica canción que todo el mundo pondrá a parir pero que siempre cantará haciendo aspavientos en la intimidad. Por lo demás, el disco es Morrissey en estado puro, para bien o para mal, y como su propio autor provocará posturas encontradas, pocas veces neutrales. Teniendo en cuenta que el propio Morrissey es el que incentiva esas actitudes con su comportamiento y en sus seguidores, solo puedo calificar el disco de éxito absoluto.

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