gigs4girls. Iron & Wine. Sin palabras.

sambeamR: Empecemos con el tirón de orejas a Iguapop (o como quiera que se llamen ahora): Iron & Wine no es un concierto programable un lunes con la amenaza (y luego certeza) de acabar a las 12 de la noche. Pero, bueno, que estando enganchado al The Shepherd’s Dog, ¿cómo no pagar ese peaje? Ahora sigamos con lo bueno: todo lo demás. A estas alturas, Sam Beam ha quemado los cartuchos del concierto intimista en sala pequeña (ya lo disfrutamos en ese format en el Sidecar hace tres años). Ahora toca ir a otra cosa, y esa “otra cosa” apunta hacia la misma dirección que su último álbum: si en The Shepherd’s Dog la instrumentación se multiplica exponencialmente para arropar lo que antes era un esqueleto despojado, el directo no podía ser menos. Se apagan las luces y salen al escenario cinco músicos a los que se suman Beam y su señora hermana (violín y coros). El público se sume en un silencio pocas veces disfrutable en la sala Apolo. Y empieza el espectáculo: una montaña rusa arrebatadora con marcados puntales. Sigue leyendo