M.I.A. – Kala. Dame más gasolina… Toma más gasolina.

kalaE: Hace un par de años M.I.A nos sorprendía con su debut Arular, un disco de hip hop que no sonaba del todo a hip hop que destacaba por encima de todos los de su género por su frescura y originalidad. La pusieron en todas las portadas y el disco fue elegido casi unanimamente el mejor de su año. No era para tanto, pero tampoco molestaba. Arular sonaba a algo nuevo, divertido, era homogéneo sin ser cargante. En definitiva, era un disco AMENO.
Pero como todo hype, o todo boom, o todo bluff o lo que quieran llamarlo debe volver, la Mathangi “Maya” Arulpragasam nos deleita con la segunda entrega de sus inquietudes musicales y políticas, con la evidente intención de repetir el fenómeno que vivimos dos años atrás. La pregunta es, ¿ha repetido la fórmula?

R: Que conste que la pregunta de Estela tiene trampa: ¿ha repetido la Arulpragasam (¡me moría de ganas de escribir el apellido!) la fórmula? ¡Qué va! Ahora bien, ¿es bueno que la Arulpragasam (¡y van dos!) no haya repetido la fórmula? Esto es lo que no tengo tan claro. Que conste que a mi el Arular me gusta porque de hip-hop tiene lo que yo de hip-hopero: su mestizaje de sonidos buscaba debajo de las piedras multi-culturales para buscar melodías interesantes que nunca perdieran la capacidad de hacer bailar. Ahora que M.I.A. ha recorrido medio mundo, parece que ha querido incorporar cuanto más sonido étnico mejor. El problema es que en ocasiones puntuales, y estoy pensando en esa aberración llamada Jimmy, el resultado queda más cerca de Camela que de las danzas gitanas (que habrá a quien le mole, pero a mi definitivamente no). En el resto de minutaje, Kala está ahí a la pata coja en una cuerda de circo: experimenta tanto con sonidos al borde de lo hortera e insoportable (los coros de niñas, las trompetillas banghra, la percursión arabesca) que parece que en algún momento u otro vaya a pegarse un chochazo contra el suelo. Pero M.I.A. es mucha M.I.A., y por mucho que en esta ocasión sólo tenga a Diplo detrás de la producción de dos canciones, hay que reconocer que el álbum recoge algunos de los temas más rabiosamente bailables de la temporada (World Town y XR2) y acaba por transcurrir con facilidad (exceptuando los momentos en los que piensas que a la muchachilla se le ha ido la olla por completo), aunque sin la sorpresa y el brillo del Arular. ¿Que nos da a cambio de la supresión de sorpresa y brillo? Una coherencia inusual a la hora de plantear un sonido que podemos reconocer como suyo a la primera escucha. Y sudor y baile (guarreo, claro). Ahora bien, tengo que puntualizar que hay dos cosas que me sorprenden de este disco. Bueno, más bien hay una cosa que me da rabia y otra que me da miedo. Me da rabia que todos aquellos que se tiran a la yugular de Björk por poner sonidos de bocinas de barcos y otras chorradas en Volta aplaudan a M.I.A. y sus pistolas, disparos y demás soniditos “callejeros” (aquí debería puntualizar que las letras de esta mujer son igual de simples que la utilización de estos sonidos: vamos, que va de contestataria y en su discurso no pasa de niñata ecologista de 18 años). Y lo que me da miedo, por el contrario, es que la Arulpragasam (venga, prometo que es la última vez que utilizo el apellido) está ahí rozando el mainstream: hace unos meses puse el Boyz (su segundo single) en youtube y creo que es el video más visto y comentado de la historia. Y no, la gente no comenta la interesante utilización de sonidos étnicos para reivindicar la paz mundial. Ni lo brutal del mestizaje de sonidos entre funk, hip-hop, banghra y loquesea. No. Más bien se lo están tomando como el último hitazo del reggetón.

miaE: Pero eso no debería sorprendernos viniendo de alguien que defiende el reggaeton como género musical e incluso lo utiliza en sus sesiones (tal y como me contaste que hizo en el Sonar 2006). A mí el rollo multicultural por lo general me da grima, y M.I.A consiguió en su día que me tragara su disco debut con gusto. Por eso no le perdono que haya caído en la tontería generalizada de este Kala, que para mayor desgracia será de los discos más pinchados, comentados, oídos etc del año. Porque cuando escuché Kala (una vez y no más) se repitió un gesto constante: el de darle al forward. No soporto las canciones de bases repetitivas hasta la saciedad. Y este disco está lleno de ellas. Casi todos los temas superan los ¡cuatro minutos! Y no me engaña metiendo vocecitas de niños que juegan a fútbol en las favelas ni soniditos de disparos. Que si quiero eso me veo Ciudad de Dios y me quedo bien a gusto y el mensaje me llega mejor. Y es que Kala es aburrido. Hasta decir basta. Y cuando no es aburrido es sonrojante. Ahí está Jimmy, que dicen que está dedicada a su madre. Pues si yo fuera tu madre, Mathangi, y me dedicaras esa canción te pegaba una buena colleja. Por no hablar del rollo bollywoodiense y de los sonidos hindús que acaban por darle al disco una pátina de pastiche que no se puede aguantar. Un horror. Y lo peor de todo es la opinión generalizada de que este disco pueda ser político y que recoja inquietudes de la autora. Tomarse en serio esto es como tomarse en serio la versión televisiva de El Zorro. O yo qué sé. Pues os digo una cosa: antes que este Kala yo prefiero escucharme a Panjabi MC que por lo menos es divertido de verdad y ése sí que utiliza sonidos étnicos como dios manda.

R: (Ayayay… ¡tres cosas! Uno: Que a mi lo de incorporar el reggaetón ocomoseescriba en las sesiones me parece de puta madre siempre que se haga con gusto e inteligencia: a Diplo le queda genial. Dos: que vaya rajada le estamos metiendo al disco y lo más jodido es… ¡que a mi me mola! Desde que lo escuché por primera vez estaba indeciso entre “lo detesto” o “lo adoro”. Creo que me voy a quedar en un “me gusta” medianillo. Sin estridencias. Y tres: si yo fuera la madre de la Mathangi me enrollaba con Marty McFly, me iba al pasado con él y me ligaba las trompas… ¡porque vaya cancioncita!)

E: (Uno: el reggaeton debe desaparecer ya y tendremos un mundo mejor. Ni Diplo ni hostias. De aquí a que me reivindiques Dj Omar dos días y no. Yo el disco lo Odio porque me aburre. Y deja tranquila a Jimmy– se llama así,¿no?-que bastante tiene con tener una hija que le escribe esa mierda de canción).

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